Hoy caminaba bajo mi paraguas escuchando la lluvia golpear contra la impermeable tela.
Un repiqueteo que me recordaba al que solía sonar en tu ventana cada noche que estuve contigo. Recordé tu última caricia, la última vez que me cogiste de la mano apretando como si la vida intentara escaparse entre nuestros dedos.
Lo recordé con nostalgia, con cariño.
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miércoles, 9 de octubre de 2013
miércoles, 2 de octubre de 2013
Cartas a una mujer VI
Quieres viajar por el mundo, como una alondra emigrando. para olvidar a cada persona que has ido conociendo.
Ésta será la despedida. Nos miraremos como dos bailarines al acabarse la música y, como el humo de tu aliento helado, nos iremos apagando.
Igual que los últimos acordes de un blues que habla de desamor.
No me preguntaré a dónde te has ido. Me imaginaré tu sonrisa en invierno, al exhalar el frío de mis pulmones.
¿Tú me recordarás?
Éste será el último recuerdo, como dos bailarines al acabarse los acordes del blues que habla de desamor, nos miraremos sin palabras que decir, sin lágrimas que derramar, nos iremos cada uno con una corriente de aire.
Seremos sólo humo pasado, recuerdos enterrados, sonrisas que no se olvidarán nunca.
Tampoco se repetirán.
Ésta será la despedida. Nos miraremos como dos bailarines al acabarse la música y, como el humo de tu aliento helado, nos iremos apagando.
Igual que los últimos acordes de un blues que habla de desamor.
No me preguntaré a dónde te has ido. Me imaginaré tu sonrisa en invierno, al exhalar el frío de mis pulmones.
¿Tú me recordarás?
Éste será el último recuerdo, como dos bailarines al acabarse los acordes del blues que habla de desamor, nos miraremos sin palabras que decir, sin lágrimas que derramar, nos iremos cada uno con una corriente de aire.
Seremos sólo humo pasado, recuerdos enterrados, sonrisas que no se olvidarán nunca.
Tampoco se repetirán.
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Cartas a una mujer V
Se perdieron las caricias que fueron del otoño prisioneras, bajo el empuje salado del mar extenso en tu lagrimal, en la profundidad de tus anhelados ojos.
Se fueron como las marrones hojas cayendo al suelo, entre embestida y embestida de las escobas del viento, soplando entre tus labios rosas, queriendo alejarlas son voluntad apenas. Abriendo las compuertas de los remansos que dejaron caer en estampida por tus carrillos lágrimas plateadas, brillando, por los perdidos besos que van en manada.
Se perdieron las caricias que fueron del otoño prisioneras.
Su cálido abrazo te abandonó a la suerte maldita, a las hiedras arrinconadas buscando tu calor, buscando hacerte prisionera de la soledad.
Se perdieron las caricias.
Se fueron como las marrones hojas cayendo al suelo, entre embestida y embestida de las escobas del viento, soplando entre tus labios rosas, queriendo alejarlas son voluntad apenas. Abriendo las compuertas de los remansos que dejaron caer en estampida por tus carrillos lágrimas plateadas, brillando, por los perdidos besos que van en manada.
Se perdieron las caricias que fueron del otoño prisioneras.
Su cálido abrazo te abandonó a la suerte maldita, a las hiedras arrinconadas buscando tu calor, buscando hacerte prisionera de la soledad.
Se perdieron las caricias.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Cartas a una mujer IV
Déjame que te vea como flotar por los pasillos enhebrados en recuerdos pasados.
Los que duelen siempre.
Déjame, por favor, que sea parte de las caricias que te escribo, de las que rozan tu dulce pelo cuando tu rostro se anega de lágrimas.
Hace ya mucho tiempo que esto dejó de ser sencillo, lo que antes era arena son ahora bastiones donde tus alas revolotean queriendo salir.
¿Dónde está la evasión?
Los que duelen siempre.
Déjame, por favor, que sea parte de las caricias que te escribo, de las que rozan tu dulce pelo cuando tu rostro se anega de lágrimas.
Hace ya mucho tiempo que esto dejó de ser sencillo, lo que antes era arena son ahora bastiones donde tus alas revolotean queriendo salir.
¿Dónde está la evasión?
miércoles, 11 de septiembre de 2013
Cartas a una mujer III
¿A donde irá tu sonrisa cuando nadie haya para recoger sus pedacitos?
Soplaba el viento del este, creo recordar, la noche que nos vimos por última vez. No te vi sonreír ni un momento. Parecías saber lo que ocurriría.
Recuerdo tu olor afrutado, emanaba de tu piel un agradable aroma a coco. Tu verde mirada, como siempre, me paralizó al cruzarse con mis ojos.
Yo quería volar, y tú sólo caminar, quería bailar bajo la lluvia, tú sólo dejarte empapar.
Quería reír.
Querías llorar.
¿Dónde estaba tu sonrisa? Nunca lo supe, igual que nunca supe a dónde iría tu sonrisa cuando nadie hubiera para recoger sus pedacitos.
Soplaba el viento del este, creo recordar, la noche que nos vimos por última vez. No te vi sonreír ni un momento. Parecías saber lo que ocurriría.
Recuerdo tu olor afrutado, emanaba de tu piel un agradable aroma a coco. Tu verde mirada, como siempre, me paralizó al cruzarse con mis ojos.
Yo quería volar, y tú sólo caminar, quería bailar bajo la lluvia, tú sólo dejarte empapar.
Quería reír.
Querías llorar.
¿Dónde estaba tu sonrisa? Nunca lo supe, igual que nunca supe a dónde iría tu sonrisa cuando nadie hubiera para recoger sus pedacitos.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Cartas a una mujer II
¿A donde irás? Más allá. ¿Más allá? ¿Donde la tierra no sea tierra ni el agua, agua? ¿Donde la espuma sea sueño y las nubes coraza maldita?
Más allá. Más allá de los sueños en que te gusta perderte olvidando la vida, ahuyentando la noche, más allá.
Donde el tiempo no corre, donde el viento no sopla.
Más allá de mis caricias, mis te quiero, mis susurros fugaces.
¿Más allá?
Más allá de mis dedos. Más allá.
Llévame contigo por ese sendero de luces.
¿A dónde irás?
Más allá. Más allá del amor.
Más allá. Más allá de los sueños en que te gusta perderte olvidando la vida, ahuyentando la noche, más allá.
Donde el tiempo no corre, donde el viento no sopla.
Más allá de mis caricias, mis te quiero, mis susurros fugaces.
¿Más allá?
Más allá de mis dedos. Más allá.
Llévame contigo por ese sendero de luces.
¿A dónde irás?
Más allá. Más allá del amor.
viernes, 30 de agosto de 2013
Cartas a una mujer I
Revoloteando como en manada con la soledad viniste. Tu mirada triste me retuvo.
soplaba el viento y nada se movía, nada había por moverse, los relojes esparcieron sus charcos de arena y segundos por el suelo. El tiempo se paró en tu mirada cautivadora, tímida, triste, huidiza. Triste.
construimos hamacas de soledad con tu compañera y mis versos trenzados del revés.
Y con ello diste la vuelta a mi cabeza, colgaste del revés mis sentimientos, y éstos volaron tras el graznar de lluvias nórdicas.
Me tumbé a recordar tu mirada, transcurriendo el no-pasar de las horas, imaginándome flotar entre las nubes.
Con tu mano anudada en la mía.
Viendo desvanecerse la tristeza de tu mirada, viendo nacer una cautivadora mirada.
Revoloteando como en manada con la soledad viniste.
Abriste tu soledad al mundo, a las lluvias torrenciales con sus tornados, zarzales y aguas estancadas. Me colé por un hueco en tu soledad, dejándome llevar en tus tormentas interiores, fui indigente, busqué cobijo y te acompaño solo contigo en la soledad que es tuya y que compartimos, que no es mía, pero la llevo para que no estés tan sola.
Me miraste con tu triste mirada cautivadora y la quise para mí.
soplaba el viento y nada se movía, nada había por moverse, los relojes esparcieron sus charcos de arena y segundos por el suelo. El tiempo se paró en tu mirada cautivadora, tímida, triste, huidiza. Triste.
construimos hamacas de soledad con tu compañera y mis versos trenzados del revés.
Y con ello diste la vuelta a mi cabeza, colgaste del revés mis sentimientos, y éstos volaron tras el graznar de lluvias nórdicas.
Me tumbé a recordar tu mirada, transcurriendo el no-pasar de las horas, imaginándome flotar entre las nubes.
Con tu mano anudada en la mía.
Viendo desvanecerse la tristeza de tu mirada, viendo nacer una cautivadora mirada.
Revoloteando como en manada con la soledad viniste.
Abriste tu soledad al mundo, a las lluvias torrenciales con sus tornados, zarzales y aguas estancadas. Me colé por un hueco en tu soledad, dejándome llevar en tus tormentas interiores, fui indigente, busqué cobijo y te acompaño solo contigo en la soledad que es tuya y que compartimos, que no es mía, pero la llevo para que no estés tan sola.
Me miraste con tu triste mirada cautivadora y la quise para mí.
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