Olivos naufragan sobre negras Aguas, ardiendo en el fondo La tierra. Las finas campanillas En ramas de adelfas agitan El rocío verde reflejadas olivas. La tierra llama entre su seca Hierva los troncos grisáceos De eucaliptos combados Sobre su tierno costado, Sobre sus hojas secas, arrugadas.
Alfalfa en la piel del morral Gritan lunas pasajeras, Revoloteando las copas De robles ajados por celestes Rayos en dehesas Extremeñas, Tras el Tiétar serpenteante Con grises ocelos brillando Entre los ósculos dulces.
Brillo acaudalado de lunas Marrones, ríos de verdes
Abanicos traslucen fauces Almidonadas, pesebres Lúdicos olvidados en el graznar De nubes, nidos amarillos Anegados con miradas Cautivadoras. Como el brillar azul De lagunas errantes, Caníbales gargantas Con piedras golpeando La piel de su tierra Forraje, vienen atravesando Corrientes ígneas Pequeñas alas de alondras Fatuas migrando al oeste De tu morada, en el centro De tu rojizo besar De pétalos almizclados.
En las márgenes del Tiétar Enhebran juncos enhiestos el aire Viajante de morrales de pan duro, Morada de águilas obscuras De dilatados ramales verdes. Espigas marrones en zarzales Arden iluminando sobre vallas Las veredas donde flota la luna. Abrigan las alforjas vacías Recostadas en las costillas de mulos Que buscan seguir el camino recto En el alabeo de espaldas curtidas De trabajar campos yermos, Que del pasar de los años llevan por dentro Los labriegos que viven al sol.
Canto XXV Flota canela varada en estanques Rozando nubes de blanco armiño, Robando cal de los besos de la luna. Hebras de polvo en seca tierra aúnan Entre patas de gorrino olivas maduras, Brillantes colgando de las ramas en flor De los erguidos olivos criados en tierras Marrones secas, rodeada de gargantas, Sierras y valles. Tierras únicas Con soles en cada esquina, tierras Dulces, tierras de moras maduras, Tierras de bellota, tierras de Extremadura.