Siempre quise caminar libre por veredas y senderos, románticos rieles de luz apagada. Frotarme por lijas maduras de dura piedra lejana para agrupar mi dolor y el tuyo cada noche en vela, contemplando el cielo donde trasuntos de tus labios almidonaban las lentes de mi alma inerte, esconder con mi palma rasurados de arena acomodando frágilmente al sol al frente de la primavera. La primavera de rosas oscuras ocultando el desvelo de tu nacarada falda sobre el vergel de dulce aroma, dulce calor, dulce tacto.
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viernes, 1 de noviembre de 2013
viernes, 4 de octubre de 2013
En mi tintero II
Cavidad hendida en el estambre
celeste de tu mirada vuela,
surcando libre cada palabra
donde guardo el corazón,
revolviendo el cajón estrellado
por las paredes que gritan
te quiero.
Madre en que te abrazas a llorar,
a expulsar limos de oscuros
sumideros en tu mente socavados.
En su torso endurecido intenta
cavar fosas rígidas, bocas que buscan
tu saliva a cada bocanada
de luz edulcorada
con tu frágil aroma.
(A una sevillana de ojos azules)
celeste de tu mirada vuela,
surcando libre cada palabra
donde guardo el corazón,
revolviendo el cajón estrellado
por las paredes que gritan
te quiero.
Madre en que te abrazas a llorar,
a expulsar limos de oscuros
sumideros en tu mente socavados.
En su torso endurecido intenta
cavar fosas rígidas, bocas que buscan
tu saliva a cada bocanada
de luz edulcorada
con tu frágil aroma.
(A una sevillana de ojos azules)
viernes, 13 de septiembre de 2013
En mi tintero I
Una fina capa blanca se posó
colgando en colinas donde me tiendo
a secar al sol de la tormenta
que me asola de madrugada,
como una fina capa cubriste
mi piel; me sumergiste en un cálido
abrazo, de los que tuve una vez,
y que de correr los perdí.
Quiero ser su dueño, sentir
que nunca se acabarán
y que no te alejarás jamás.
Calentaste mi alma,
fuiste brasero bajo mi piel,
entre mi costillar posada
me alejaste, caminando
casi de la mano volé,
volé contigo sin tí,
soñando en algo más cerca
que a orillas del río.
Calentaste mi alma
como un cálido brasero.
Lo siento apagarse
como si fuera parte
de mis latidos, de mí.
Brasero de mi alma,
calor de mis sueños.
colgando en colinas donde me tiendo
a secar al sol de la tormenta
que me asola de madrugada,
como una fina capa cubriste
mi piel; me sumergiste en un cálido
abrazo, de los que tuve una vez,
y que de correr los perdí.
Quiero ser su dueño, sentir
que nunca se acabarán
y que no te alejarás jamás.
Calentaste mi alma,
fuiste brasero bajo mi piel,
entre mi costillar posada
me alejaste, caminando
casi de la mano volé,
volé contigo sin tí,
soñando en algo más cerca
que a orillas del río.
Calentaste mi alma
como un cálido brasero.
Lo siento apagarse
como si fuera parte
de mis latidos, de mí.
Brasero de mi alma,
calor de mis sueños.
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